Viajar solo, pasaporte a la renovación personal

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En una entrega anterior había escrito sobre los beneficios de viajar. Pero viajar solo, más que un simple capricho, es la manera definitiva de acabar con tus miedos. Y en el fondo, de eso se trata este artículo: de terminar de una vez por todas con esas actitudes limitantes que nos impiden vivir una vida extraordinaria.

Muchos están inseguros o temen por lo que les pueda pasar en el camino. Si eso te pasa, este mensaje es para ti que estás inconforme contigo mismo; que sabes debes cambiar ese algo que te incomoda, y no encuentras la manera exacta de modificarlo. En el proceso te convertirás en mejor persona y estarás más seguro de ti mismo.

Una vez, regresando de viajar, una gran amiga me preguntaba: ¿Cómo haces para viajar solo?  Pues…  me subo a un avión y salgo. La respuesta parece algo simplista, pero la verdad es que  llegar a este punto me tomó un buen tiempo. No es que carezca de miedos, tal afirmación sería mentir. Lo que sucede es que aprendí a gestionarlos y a hacer que trabajen para mi.

Las emociones son una fuente energía que deben ser correctamente gestionadas

No permitas que el miedo a lo desconocido te paralice, en lugar de eso pregúntate: ¿Qué cosas nuevas puedo aprender para mejorar? ¿Qué personas nuevas conoceré? Las respuestas a este tipo de preguntas abrirán tu mente a nuevas posibilidades y se convertirán en la motivación que te impulse a seguir.

Cuando hay motivación, las excusas desaparecen.

Somos seres emocionales. De esta manera, las experiencias que más tienen significado para nosotros, de las que aprendemos más, son aquellas que están cargadas de emociones. Por ejemplo, mi primer viaje solo fue hacia Bogotá, Colombia. Para ese entonces, estaba residenciado en Venezuela, y llegar a la capital del vecino país fue una terapia de shock para mi.

Resulta que, en Venezuela ya se empezaba a ver la crisis de escasez por la que hoy tanto sufre. Recuerdo claramente cómo llegar a la Carrera Séptima (una importante avenida de Bogotá) fue para mi una especie de reencuentro. Por un momento viajé atrás en el tiempo… volví a mi país como yo lo recordaba, en una época cuando no hacía falta nada, cuando podías ir y venir tranquilamente.

La emoción fue tal, que no pude evitar llorar. No era que estuviera triste, eran más bien  lágrimas de alegría, mezcladas con un poco de nostalgia, tal vez. Una sensación te invade, se te hace un nudo en la garganta y no puedes expresar con palabras esa emoción.

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Ahora, ya yo tenía conocimiento de cómo fue mi país, lo recordaba. Sabía el deber ser de las cosas. Pero saberlo es un asunto y otro completamente distinto es vivir la realidad. Esa experiencia en Bogotá, entre otras, hizo que tomara la decisión de emigrar.

De igual forma, aunque esas no sean tus circunstancias, hacer un viaje en solitario implica, en muchos aspectos, hacer un inventario de ti mismo. Evaluar los hábitos que funcionan y cambiar los que no te son útiles. En ese sentido, aprendes a planificar mejor tu tiempo y tus quehaceres, pero al mismo tiempo sabes que no puedes tenerlo todo bajo control y es mejor dejar que ciertas cosas simplemente pasen.

Por ejemplo, algo que acostumbro, es quedarme en hostales. El ambiente de este tipo de hospedajes te permite hablar e interactuar con otras personas y de países muy distintos entre sí. Esto te ayuda a dos cosas: Primero, a vencer el miedo de hablar en público o con quien no conoces; y segundo, a abrir la mente a otras realidades, a otras posibilidades.

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Aunado a esto, la sensación de libertad que te da viajar solo no tiene comparación. Vas a dónde quieres, cuando quieres, puedes cambiar los planes en el último minuto si así lo necesitas y no tendrás que preguntar ni esperar por alguien más. Personalmente, cuando viajo, solamente planeo las fechas de ida y vuelta, pero lo que voy a hacer lo dejo abierto a las oportunidades, de esa manera no tengo que preocuparme por un itinerario. Además, siempre se conocen otros viajeros con los cuales puedes tomarte unos tragos, salir de fiesta, o hacer un paseo en grupo.

Más que un simple paseo, un viaje debe convertirse en una experiencia transformadora que te permita ser mejor persona. Siempre puedes absorber y aprender de otras culturas. Solo mira… escucha… y sobretodo: mantén la mente abierta. La mente es capaz de ver cosas que los ojos no pueden.

Por último, el consejo que te doy es muy concreto: ¡Actúa! Independientemente si eres hombre o mujer. Lo mejor que puedes hacer es tomar las riendas de tu propia vida. No dejes que tus temores sean más fuertes que tus ganas de superarte.

Eres el único responsable por lo que te ocurre en la vida, asúmelo y empieza a actuar desde ya

Como viajero que soy, te recomiendo hacer un viaje solo al menos una vez. Yo acostumbro a hacer esto porque lo asumí como un estilo de vida. Prepararme para el siguiente viaje me hacer leer, informarme, juntar las cosas que voy a necesitar, entre ellas: dinero, visas, información… entre otros.

De esta manera, siempre tendrás un objetivo y tu mente se mantendrá trabajando y generando ideas para cumplirlo. No te preocupes por los recursos, si estás enfocado, éstos aparecerán. Confía en tus propias capacidades, son más fuertes de lo que crees.

Para terminar, no quisiera despedirme sin antes recordarles que pueden dejar sus comentarios en la casilla que está más abajo, o también pueden darle me gusta y suscribirse al blog. ¡Hasta el próximo post!


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