Buenos Aires en Dos Días (segundo día)

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Buenos Aires… una ciudad que te atrapa, y dos días no alcanzan para conocer toda la cultura argentina. Por suerte, estando cerca puedo visitarla a menudo. Les traigo la segunda jornada del  recorrido que hice por esta capital. Si te perdiste el primer artículo, puedes verlo aquí.

 Miércoles, segundo día…

Parecido al anterior, en principio, el miércoles comenzó con lo habitual: revisar el teléfono para programar rutas, paradas, etc. Pero algo inesperado pasó y lo cambió todo: ¿Se acuerdan de la chica que les comenté en la primera fecha? Bueno, su nombre es Paz. Y aunque no es su primer nombre, ella prefiere presentarse así.

Resulta que, mientras alistaba la cámara, ella me pregunta con curiosidad y un perfecto acento rosarino: ¿Sos fotógrafo? A lo cual respondo con un , y después de conversar por un momento, decidimos acompañarnos en un recorrido tanto improvisado como interesante. Ese día visitamos El Barrio Chino, pasando por el Jardín Japonés y otros barrios de la ciudad.

El acuerdo fue, ir a pie y regresar en el transporte público (ojo, cuando vayas a Buenos Aires te aconsejo comprar la tarjeta SUBE, sirve para moverse tanto en ómnibus, tren y metro). De esa manera empezamos: ropa cómoda para el calor de diciembre, cámara en mano y mucha plática, de hecho no paramos de conversar en todo el trayecto.

A propósito de esto, personalmente valoro mucho en las personas la cualidad de poder y saber expresarse; se dice que de la abundancia del corazón, habla la boca. Y es que través de las cosas que habla la gente (y la forma también)  se nota cuando alguien tiene una mente enriquecida.

Por ejemplo, después de pasar por las generalidades de costumbre (y hasta de protocolo), llegamos a hablar de cosas como: ¿Borges o Cortázar?; cómo son las cosas en otros países, qué motivos tuvo cada uno para emigrar en determinado momento, etc. De esta manera se hizo más entretenido el viaje. Y aquí entre nosotros: para mi gusto, Cortázar.

De tal manera, y casi sin darme cuenta, nos íbamos acercando a la primera parada acordada del día. Antes, habíamos salido desde San Telmo y pasado por el micro centro de la ciudad; un sitio dónde se nota que hay mucho movimiento de personas… y de dinero. Siguiendo la ruta, se llega a Palermo, pasando primero por el Jardín Botánico, sitio que también vale la pena visitar, pero que en esta ocasión no entramos. Una vez llegamos al Jardín Japonés empecé a tomar fotos, aquí les dejo algunas.


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Como datos generales, el Jardín Japonés fue construido en 1967. Fuera del país nipón, es el jardín de estilo japonés más grande construido. Realmente es un lugar bastante recomendable para visitar: tiene paisajes, tiendas e incluso un Chachitsu (casa del té). Si quisieras llevarte un buen recuerdo, considera comprar un bonsai en el vivero que hay dentro. Para más información turística, puedes visitar este enlace.

En el momento que terminé de hacer las fotos, ya era poco más de medio día. Empieza a sentirse el hambre y Palermo es un buen lugar para resolver esta situación. Entramos a un restaurante un tanto peculiar: de entrada se nota que es el interior de una casa reformada; lo interesante no es esto último, si no el hecho de que es mitad librería y mitad restaurante, con mesas en el patio y sombrillas para cubrirse del sol.

El dueño, un brasileño fiel a sus tradiciones, coloca música bossa nova (una variante del jazz creado en Brasil). Pero con un toque más bohemio, para mi grata sorpresa: ¡está cantada en francés! la verdad quedé encantado. Demás está decir, que la comida era realmente buena.

Aproximadamente, con unos diez dólares comimos: de entrada, una tarta; en el plato principal, pollo; y de postre, flan. Bastante buena la relación precio/calidad. Lo único que lamento es no haber tomado ni una sola foto del lugar. Me parece que después de todo es verdad lo que dicen: de los mejores momentos no hay fotos, no hubo tiempo de tomarlas.

Una vez terminada la comida, lo siguiente fue dirigirnos al Barrio Chino. Nos tomó otro tanto caminar hasta el sitio, pero al igual que antes: sin advertirlo, ya estábamos llegando. La verdad que es que disfruté mucho el trayecto, sobretodo por la compañía y la buena conversación.

El Barrio Chino, ubicado en Belgrano, es una parte de la ciudad donde se concentró la oleada de inmigración asiática que arribó a Buenos Aires hacia los años de 1980. A pesar de su nombre, a esta parte llegaron no solo familias procedentes de China, también de Japón y Taiwan.

Cuando visites, la recomendación es acceder a través del imponente arco que marca la entrada. Como dato curioso: el mismo se construyó con cemento y piedra, fue llevado desde China desarmado, para luego ser ensamblado en destino. Después, sendos leones de piedra resguardan la base de cada columna y a su vez las decoran.

BCh3
Arco de Piedra, Puerta de Entrada al Barrio Chino
BCh2
Leones apostados a los pies de cada columna

Si planeas visitar Buenos Aires, y en particular este barrio, hazlo a finales de enero  – principios de febrero. Por estas fechas se celebra el año nuevo chino, así podrás se parte de las festividades. Además, el lugar está lleno de tiendas de todo tipo, donde podrás comprar comida o souvenirs, por supuesto, alusivos a las culturas asiáticas.

Ya para regresar, tomamos el tren desde la estación que se encuentra cerca a la entrada del barrio. Son bastante cómodos, ciertamente, y de igual forma es bueno estar atento con la gente que va y viene, bicicletas, maletas, entre otros. Nos bajamos en Retiro, donde se hace la conexión con el Subte (metro) para ir hasta el centro.

Antes de tomar el subterráneo, salimos de la estación. Con la idea de ver en primera persona algo que ya veníamos conversando: las villas, como se les conoce en Argentina. Según el país, tienen distintos nombres: en Brasil, por ejemplo, se les llama Favelas; y en Venezuela, Barrios. Estos asentamientos son lugares dónde la gente, por varios motivos, se vio desplazada y empezó a ocupar terrenos sin atender el ordenamiento de la ciudad. A veces logran extenderse sobre gran parte de la urbe.

No tomé fotos, principalmente por motivos de seguridad (es mejor tomar precauciones). Pero lo más curioso y llamativo de todo esto, es el hecho de que la villa está ubicada justo detrás de Puerto Madero, una de las zonas con terreno mejor valorado de la capital argentina. Yo la verdad encuentro este tema atractivo, porque es algo de lo que no mucha gente habla, o decide no hacerlo.

Igualmente, tengo pensado volver a visitar la villa bajo mejores condiciones, más preparado. Y hacer un reportaje sobre esos lugares poco conocidos, de esos que la publicidad no nos muestra; pero que también forman parte de la ciudad. Para ver ambos lados de la moneda.

Y de esta forma, llegan hasta aquí mis dos días de recorrido. Si te gustó, recuerda suscribirte y darle me gusta. También puedes dejar tu comentario y seguirme a través de las redes sociales, los enlaces están al lado. Gracias por leer esta nota y nos vemos en el próximo post.

 

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